Wednesday, November 24, 2004

The End.

Lamentablemente en el cielo estaba la más hermosa luna llena que había visto en mi vida, pero desde luego nada de eso importaba. Me sostenía apenas en un pequeño árbol con un vaso de whisky en la mano y mucha porquería en los pulmones y en la cabeza. Trate de abstraerme del frío, pero este cortaba mi espalda como mil puñales de seda, lo que sirvió para darme cuenta que no estaba del todo adormecido, y que tendría que enfrentarla directa e inexcusablemente.

Ella ya había estado tratando de hablarme hace rato, creo. Ahora que lo pienso esa noche desapareció todo concepto de espacio, racionalidad, dignidad… que se yo. Al fin, me fui desvaneciendo completamente entre el hielo, la oscuridad y el alcohol a mi alcance.

Caminé (o me tambaleaba?) por toda la casa haciendo un último esfuerzo por evitar (la) que me hablara. Es gracioso como siento que los nueve años fueron al revés, casi acorralándola para que pudiésemos conversar (eso sentiría?), y ahora yo hacía el intento vano de no escuchar lo que adivinaba desgraciadamente. Siempre me había parecido trágico el personaje de Cassandra, nunca imagine que huiría un día de mis propias y terribles imágenes que se volvían realidad.

Finalmente, producto del cansancio, el desvarío o la resignación caí en el, a esas alturas, necesariamente cómodo sillón del living, que me abrazó de forma adormecedora.

Comencemos el final? Apeló a lo que se suponía que sabía… sabía pero no tragaba. Me hizo ver que esto era más complejo y personal de lo que yo podía, creía o quería remediar, y aunque la idea era exculparme, me sentí miserablemente pequeño y azotado por golpes que no podía devolver por provenir de sombras que se escondían quién sabe donde (¿acaso se escondían en ti, o eran mías?) . Ella fue todo lo paciente, clara y categórica que podía ser dada nuestra historia, los afectos que me guardaba y supongo que la lastima que provocaba a esa hora de nuestra vida.

Sin embargo su serena y casi pedagógica voz solo me rozaba. Mi cabeza estaba llena de ella, de ella y de mí, imágenes y sensaciones que lentamente se transformaban en ella y otra persona, donde su piel de marfil templado ya no me pertenecía, sus besos recorrían otro cuello, llevando en su aliento un millón de “te quiero” a sus oídos, sus dedos que se prolongaban hacia el infinito se enredaban en otros cabellos, sus piernas cálidas se enredaban en otro cuerpo, y donde su sexo, que se regaló húmedo a mis besos, era objeto de atesoramiento ajeno.

Decir le que la amaba, a esas alturas, solo me hundió más aún en la rabia y pena que empezaba a sentir por mi mismo. Me sentí huérfano de repente, porque la soledad que me envolvía ahí con ella era más de lo que podría soportar… era absoluta, y lo único que me quedaba era abandonarme al dolor más infernal que había sentido en mi vida y comenzar a llorar como un niño que naufraga en el mar y cuya única opción es nadar o ahogarse. Me lancé a ella con un vano intento de retenerla efímeramente a mi lado, de tragarme su cuerpo en el abrazo desesperado que le daba, tratando de retener en mi piel aquella despedida.

Hoy, con las cicatrices cerradas y la memoria más distante, no dejo de pensar en la brutal paradoja que encierra el dolor. De cómo una vez experimentado emerges más viejo, y por lo tanto más desconfiado, reacio a los cambios de estado, con ganas de no vivir lo malo de nuevo. Quizás si eso significa ser más sabio, refugiarse en el conocimiento que majaderamente intentas transmitir a otros, cuando lo que de vedad comunicas son tus miedos y en el fondo, muy en el fondo, esperas una segunda parte que no sea de menor calidad que la anterior película que protagonizaste.

Tuesday, November 09, 2004

Imagenes, la necesidad de tenerlas?

Hoy aprendí algunas cosas sobre las imagenes, o las ausencias de ellas. Eso tiene que ver con las distintas impresiones que tenemos y vamos conociendo de una persona.

Me pasó, me pasa y me pasará, que los distintos pantallazos se suceden en mi cabeza, los que luego de conformar imagenes tridimensionales, se van uniendo a sonidos, aromas y otra gama de cuestiones sensoriales. ¿Es todo? Por supuesto que no.

Los seres humanos tienen la peculiaridad de estar inmersos en cultura, y se asocian, quiero pensar que voluntariamente, a distintas expresiones de la misma. Estas so transmitidas a taves de gestos, uso del lenguaje, gustos estético-artísticos, etc.

Y finalmente una de las grandes pregiuntas de la filosofía y la religión, su majestad la esencia, el espíritú, el ánima, el mojo, ki, no se qué.

El asunto, al fin, repleta complejidad. Algunas veces nos cuesta configurar bien toda la imagen por eso. Otras, la configuramos tan bien que hasta podemos adivinar en que momento habrá una falla y como remediarla, si eso es posible.

Imagenes, palos de ciego más o menos sobre nuestra sociabilidad. Nos contentaremos solo con las palabras por ahora?



Monday, November 08, 2004

Sobre nuevos-viejos debates

Afilaba distraídamente mi colección de cuchillos e instrumentos de tortura cuando escuche, ví, leí la noticia del lamentable asesinato medieval-canadiense. Más que el consecuente análisis sociológico del fenómeno, cada vez más común, de la interacción impersonal mediatizada tecnológicamente hubo otra cosa que me sacudió, y no fueron mis habituales sesiones de electroshock (pequeños placeres de la carne)

Me refiero, y en esto involucro mi escualida experiencia como docente, a la superficialización en el uso de los medios. Quién más, quién menos, suspiramos viendo todos los medios disponibles hoy para comunicarse, investigar, enterarse, entretenerse, etc.

Más de alguna vez hemos maldecido nuestra suerte al nacer en una época distante de estos avances, y de seguro nos parece medieval la forma en que realizabamos todas las actividades anteriormente descritas (si señores antes usabamos un lápiz al que había que sacarle punta, muchas veces con el cuchillo de la cocina). Pero, ¿alguién ha visto que usos le dan algunos a estas maravillas? absolutamente superficial, mínimo, básico, pero parece ser suficiente en este contexto.

A esto quería llegar con mi... ejem... reflexión. La culpa no es del medio, ni de la confianza puesta en él. Es la confianza o la fé en lo poco conocido lo que nos hace "caer en tentación", proyección de lo que en definitiva queremos creer.

Bueno, eso es todo lo que quería decir... por ahora. Debo asistir auna reunión de mi "iglesia", hoy me toca llevar a los gatos y las gallinas.