Sol, mi sol.
Hoy desperté con ganas de tragarme el sol, de cambiar las muletas por zapatillas, de acometer contra molinos de viento, de volver a creer, de revalidarme, de lanzarme desde el último piso de la torre más alta sabiendo que no caería. De enamorarme de destellos de luna.
Hoy desperté con la sensación de que el mundo no es más antiguo que mi primer ojo abierto en la mañana. Que la historia de mi vida aún esta en su introducción, o mejor aún, en su borrador preliminar. Me saqué las mochilas del cansancio y del pesimismo, y las dejé enterradas en el cementerio de lo inútil.
Salí de mi cueva con la sensación de que la hibernación me privó de someter mis sentidos a toda la gama de sensaciones que me hacían sentir vivo. Fue necesario para descansar y recomponerme, pero ahora estoy despierto de nuevo, despierto y con hambre.
Lo mejor de todo fue darme cuenta de que no era una especie en extinción, había muchos más como yo, algunos con miedo, no se atrevían a cruzar la calle solos y se quedaban en la orilla. Otros se me adelantaban y me invitaban a alcanzarles. Y otros, bueno, otros no querían despertar, o fingían porfiadamente que el invierno aún existía.
Mi hija me dijo que había soñado conmigo y yo ya estaba recuperado. Podía caminar con ella y volvíamos a ser los compañeros de juego que fuimos. Corrimos juntos por todos los cerros que hemos perdonado, nos revolcamos en todos los lugares que estuvieron pendientes.
Hoy desperté con ganas de ser niño con mi niña.
Hoy desperté con la sensación de que el mundo no es más antiguo que mi primer ojo abierto en la mañana. Que la historia de mi vida aún esta en su introducción, o mejor aún, en su borrador preliminar. Me saqué las mochilas del cansancio y del pesimismo, y las dejé enterradas en el cementerio de lo inútil.
Salí de mi cueva con la sensación de que la hibernación me privó de someter mis sentidos a toda la gama de sensaciones que me hacían sentir vivo. Fue necesario para descansar y recomponerme, pero ahora estoy despierto de nuevo, despierto y con hambre.
Lo mejor de todo fue darme cuenta de que no era una especie en extinción, había muchos más como yo, algunos con miedo, no se atrevían a cruzar la calle solos y se quedaban en la orilla. Otros se me adelantaban y me invitaban a alcanzarles. Y otros, bueno, otros no querían despertar, o fingían porfiadamente que el invierno aún existía.
Mi hija me dijo que había soñado conmigo y yo ya estaba recuperado. Podía caminar con ella y volvíamos a ser los compañeros de juego que fuimos. Corrimos juntos por todos los cerros que hemos perdonado, nos revolcamos en todos los lugares que estuvieron pendientes.
Hoy desperté con ganas de ser niño con mi niña.

5 Comments:
¡Hola Gonzalo! Que bueno escuchar que Balú despertó de la hibernación. Ese descanso era necesario y ahora ¡a ser niño, yupi! :)
Al parecer somos varios los que pasamos por procesos parecidos!!
Amigo, estoy feliz por ti, ahora sabes lo hermoso que se siente despertar despues de una larga y tortuosa "hibernacion", te felicito, creo que vuelves a ser el de siempre
Cariños, Ruby
Amiguito, no había tenido tiempo de visitar tu Blog,he llorado y he sentido que este año has vivido lo que cualquiera en 10. Como hablabamos el otro día, a veces es necesario aprender a estar con uno mismo, a conocernos y perdonarnos, para poder estar listos a enfrentarnos al mundo otra vez, con renovadas fuerzas y con la esperanza y la fuerza de que, aunque el sol no brille, lo haremos brillar. Un besito y que la fuerza te acompañe siempre!!!!!
Hola Gonzalo...Sentí profundamente cada palabra tuya y deseo que esta energía que te brota como destellos, como alegría, como poesía, se prolonge y se expanda en tu corazón y en quienes te rodean día a día.
Con cariño de alguien que lograste tocar con la magia de tus palabras...
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