Friday, January 07, 2005

Mi viejo amor de verano sigue aquí...




Hoy me topé de nuevo con un viejo amor de adolescente, los Sex Pistols. Hace años que no me detenía a escucharles, y aunque nuevamente no valió la pena hacerlo (¿quién podría tomarlos en serio?), me incendié con las mismas sensaciones de pendejo alienado, solitario y triste que tuve en esa época.

Mientras que para muchos la solución a todo estaba a la vuelta de tomar la guitarra, colocarse el chalequito con motivos altiplánicos, agarrar el cancionero de “La Bicicleta” con los acordes necesarios para tocar a Silvio, y recitar el credo: “el rock es malo, el rock es imperialista, el rock es dañino para la salud”; para otros la cosa no era fácil, nada de fácil.

Algo ya olía mal en Dinamarca en esa parte de la historia, aunque oliera a vodka o ron, lo mismo al fin y al cabo. Sin embargo la vieja escuela juvenil, la que te impulsaba a creer sin siquiera asomar dudas por debajo de la puerta, seguía ahí.

Anyway, yo no esta en búsqueda de nada ni de nadie, y de pronto me topé con la música de estos delincuentes ingleses que de repente formaron algo así como la versión bizarra de Menudo o los Backstreet Boys. Mas que toparme, lo mas parecido a mi primera experiencia con ellos fue la de un portazo en la cara, la de reír con los puños apretados, de una limonada de mucha acidez y poco agua.

Mis amigos del colegio me miraban con los ojos de quién observa a alguien que esta haciendo algo muy raro o pernicioso, pero igual me acompañaban a mis paseos por San Diego a buscar el último fanzine argentino, o peor aún al Eurocentro, a vitrinear esas poleras negras que ahora están pegadas a mi experiencia adolescente, tanto como las espinillas y mi miedo a las mujeres.

Debo aclarar algo ahora, no alcancé a “convertirme”. El mohicano me pareció demasiada comunión. Los tipos, la música o su actitud no me aclararon ninguna película ni me salvaron de nada, y creo que nadie debería sacar esa conclusión por una banda de rock, ni siquiera por las buenas, algo de lo cual los Pistols estaban bastante alejados.




Entonces, ¿por qué el recuerdo? Hay varias razones: me creí el cuento de chico malo por algunos momentos, probablemente segundos; mis primeros acordes en serio y mi razón para agarra la guitarra fueron ellos (ahora conozco más de tres acordes, porsiacaso), la necesidad de ser “contreras” y de buscar, aunque fuera la pinta, en otros referentes que no fueran los dos oficiales, los del régimen y de los que estaban contra de él.

Hoy me tropecé con ellos de nuevo, y después de limpiarme la sangre de la boca me reí de nuevo, baile con sus canciones de piratas borrachos, de junkies hediondos a orina, de cantantes de dientes cariados. Tomé la guitarra y me importó un carajo si el volumen estaba muy alto o la distorsión demasiado heavy, repetí otra ves más los mismos tres vertiginosos y rockanroleros acordes. No me salvé ni vi luces, mis cuentas no se pagaron, seguía solo, el mundo seguía siendo una mierda en muchos sentidos pero… ¡¡¡que diablos, It’s only rock’n roll but i like it!!!